Por un desarrollo integral

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Con el XIX Congreso del PCCh se conocerá el rumbo que tomará el país en el próximo lustro

Por KOU LIYAN* / CHINA HOY

Cada cinco años, cuando llega el otoño y los arces de Beijing comienzan a adquirir una coloración rojiza, los extranjeros residentes en la capital china –desde ejecutivos de multinacionales hasta periodistas y maestros– hacen una pausa en su rutina para tomarle el pulso a la política del país que los acoge. Se trata del Congreso Nacional del Partido Comunista de China (PCCh), que se celebra cada lustro, un ciclo de repercusión mundial sobre la historia pasada y futura de la política local.

El próximo 18 de octubre Beijing celebrará la XIX edición de este Congreso, ocasión que muchos de mis amigos extranjeros han esperado con ansias, no solo porque allí podrán entender las propuestas y acciones tomadas por el PCCh durante los últimos cinco años, sino también porque conocerán el rumbo que tomará el país en el próximo lustro. Para muchos es, además, una oportunidad para comprender hasta qué punto las decisiones allí planteadas podrán afectar su cotidianidad.

A mis amigos a menudo les recomiendo que lean Mis siete años como joven ilustrado, un libro escrito por el presidente Xi Jinping que aborda el período que pasó en una aldea empobrecida, hace cuatro décadas. También les sugiero como lectura Cómo salir de la pobreza, también escrito por Xi. Mediante anécdotas, ambas obras se centran en la lógica que sustenta todas las políticas domésticas y exteriores que China ha aplicado desde que se convocó el XVIII Congreso Nacional del PCCh.

La lógica para decirle adiós a la pobreza

El PCCh sostiene que todas las políticas nacionales deben basarse en la idea de que China todavía está en una etapa primaria del socialismo, lo que implica bajos niveles de vida e instituciones y sistemas inmaduros. La pobreza, por lo tanto, es una lógica básica de estas políticas. En este contexto la pobreza no se limita a la esfera económica, sino que, como bien explicó Xi Jinping en Cómo salir de la pobreza, lo primero es librarse de la pobreza mental.

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Creo que el presidente sabe más sobre la pobreza que la mayoría de nosotros. En 1969, a sus 15 años de edad, fue enviado a una aldea empobrecida en el noroeste de China, donde permaneció durante siete años. Según narra en Mis siete años como joven ilustrado, el calificativo “pobre” es en realidad un eufemismo para describir la vida en el área en aquellos tiempos. Quizás el adjetivo “primitivo” es más acertado.

Sometidos a una grave escasez de alimentos, los agricultores locales –con Xi entre ellos– subsistían a punta de cáscaras de granos molidos. La carne no formaba parte de la dieta local, las verduras escaseaban, no había electricidad, e incluso se hacía difícil conseguir leña para cocinar o calentar el ambiente. Para entretener el hambre, Xi leía vorazmente en su tiempo libre. Los siete años en Liangjiahe expusieron al entonces mozalbete a la cruda realidad de que muchos de sus compatriotas tenían que hacer mil maromas para conseguir alimento o vestimenta, además del hecho de que vivían sumidos en la desorientación.

Después de ser elegido como jefe de aldea, Xi exploró el uso de gas metano como combustible, estableció una herrería y una agencia de ventas, e inició una campaña de alfabetización para adultos. Cuando abandonó la región para cursar sus estudios universitarios en Beijing, la vida en Liangjiahe había mejorado en gran medida.

Cuando uno termina de leer las experiencias que vivió Xi durante siete años en el campo chino puede entender a la perfección el motivo por el cual el país adoptó la política de reforma y apertura: era la única manera de abordar la omnipresente pobreza que agobiaba al país de aquel entonces.

La estrategia integral en cuatro direcciones

Tomando en cuenta que, en su sentido más amplio, la pobreza es evidente en diversos campos, cualquier solución requiere de esfuerzos extensos y coordinados. Por ello, China presentó la disposición estratégica de las “cuatro integralidades”: integralidad de la consumación de la construcción de una sociedad modestamente acomodada, de la profundización de la reforma, de la gobernación del país según la ley y de la disciplina rigurosa del Partido.

Construir una sociedad moderadamente acomodada de modo integral significa no dejar atrás a ningún ciudadano, e igualmente avanzar en el progreso económico, político, cultural, social y ecológico de la nación. Ello significa poder garantizarle al pueblo una prosperidad común y un desarrollo integral.

En los últimos cinco años, el ingreso disponible promedio per cápita de China ha tenido un aumento anual del 7,4 %, y, entre 2012 y 2016, el número de personas empobrecidas se redujo en 55,64 millones. Hoy en día, el 99,7 % de los residentes rurales tienen acceso a carreteras pavimentadas y electricidad. La “vida primitiva” que Xi experimentó hace más de 40 años en Liangjiahe se está dejando atrás, e incluso el PCCh ha prometido erradicar la pobreza en China para 2020.

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Además de estos logros, hoy los chinos disfrutan de una vida cultural más rica. El país ya cuenta con 1093 millones de internautas y, según datos de 2016, las salas de cine registraron 1372 millones de asistencias. Las redes sociales, los servicios de bicicletas compartidas, los pagos móviles, entre otras innovaciones, están cambiando profundamente nuestro estilo de vida.

La profundización de las reformas proporciona un impulso sostenido hacia un desarrollo integral. Cuando Xi Jinping y otros jóvenes de Beijing fueron enviados al campo en la provincia de Shaanxi, no solo se encontraron con una región sofocada por la pobreza, sino también carente de dinamismo y vitalidad. Como jefe de aldea, Xi restituyó a un joven cuadro que había sido removido de su cargo luego de explotar un pedazo de tierra baldía sin previo permiso oficial.

Xi también fundó una agencia de ventas, una sastrería, una herrería y una empresa de molinos en la aldea. A pesar de que estas iniciativas parecían contrarias a las políticas de la economía planificada de la época, Xi y otros funcionarios progresistas chinos de su generación eran conscientes de que las reformas y la ruptura con las viejas prácticas eran la única manera de que el pueblo gozara de una vida mejor.

Este es el motivo por el cual la generación actual de dirigentes chinos ha mantenido resueltamente la política de reforma y apertura. En los últimos cinco años, el Gobierno Central ha introducido más de 330 medidas de reforma en 15 sectores, ha delegado poderes o cancelado el requisito de revisiones gubernamentales en 618 artículos y ha abolido la práctica de revisión no administrativa.

A través de estas reformas, la esfera de control gubernamental se ha ido reduciendo. Los procedimientos de revisión y aprobación del Gobierno se han simplificado, y la función del Gobierno como proveedor de servicios públicos se ha reforzado. Como parte del proceso, la economía china se ha integrado más con la economía mundial, tiene una mayor apertura y el mercado juega un papel más decisivo en la gestión económica.

El Estado de derecho proporciona apoyo institucional al desarrollo nacional. A sus 15 años, Xi Jinping fue obligado a trabajar en los campos de una zona remota, en medio de las conmociones de un movimiento político, que echó por tierra todas las leyes y reglamentos y hundió en el caos tanto la economía como la sociedad china. Estando en Liangjiahe, Xi fue testigo de la brutalidad con la cual se dirimían casos tan sencillos como el hurto y las disputas. Tras ser elegido jefe de aldea, Xi encabezó la redacción de una carta que fungió como microley para la comunidad.

Para el XVIII Congreso Nacional del PCCh, en 2012, a pesar de que el sistema jurídico de China había mejorado mucho, aún no llegaba al punto de ser proporcional al nivel del desarrollo nacional, pues todavía evidenciaba múltiples carencias. En consecuencia, en los últimos cinco años China se ha mantenido firme en sus avances hacia la implementación del Estado de derecho, para lo cual ha emitido o revisado 48 leyes, 42 regulaciones administrativas, 2926 decretos locales y 3162 reglamentos. Asimismo, además de haber modificado 57 leyes y 130 regulaciones administrativas en forma de “paquete” –por lo que una cláusula se añade simultáneamente a varias leyes–, ha formulado o revisado casi 80 reglamentos del PCCh.

El fortalecimiento de la disciplina del PCCh es la premisa política para el desarrollo nacional. Con casi 70 años en el poder, el Partido hoy enfrenta el desafío de definir un mejor derrotero para su gestión interna. Dicho reto es, asimismo, parte de la discusión sobre el camino a seguir y la democracia que debe fomentar China. Xi Jinping ha sostenido un fuerte vínculo con el PCCh desde su juventud. Cuando estaba en Liangjiahe, solicitó la militancia en 10 ocasiones. Después de ser admitido, se dedicó de lleno a la labor partidista, primero como estudiante y más adelante como dirigente local.

Por ende, desde el XVIII Congreso Nacional, el PCCh ha puesto mayor énfasis en la autopurificación, el autoperfeccionamiento, la autorenovación y la autoprogresión, que no solo deciden la vitalidad del propio Partido, sino también el éxito de su misión de liderar el gran renacimiento de la nación china.

En los últimos cinco años, el PCCh ha fortalecido la disciplina de sus miembros, mejorando la educación ideológica y ética, perfeccionando las organizaciones e instituciones del Partido y combatiendo la corrupción. Se han formulado o emitido más de 50 reglamentos partidistas para institucionalizar y estandarizar la vida política de la militancia. Bajo estos parámetros, han sido sancionados numerosos altos funcionarios –denominados por el pueblo como “tigres”–, han sido investigados 240 funcionarios subordinados al nivel central, de los cuales 223 recibieron sanciones, y más de un millón de militantes de cargos menores –o llamados “moscas”– han corrido con una suerte similar.

Una alternativa para el mundo

Otra novedad fomentada en el último lustro ha sido una mayor aproximación entre las políticas nacional y exterior. La expresión “considerar la situación general nacional e internacional” ha sido recurrente en los documentos políticos del Partido. La estrategia integral en cuatro direcciones (las cuatro integralidades) refleja el pensamiento global del PCCh.

El trabajo partidista y el desarrollo económico-social de China deben situarse en el contexto de la apertura de la nación, lo que los expone a amplios intercambios con el resto del mundo, para beneficio de ambas partes. El desarrollo de China y sus ideas sobre la gobernanza del Estado pueden inspirar a la comunidad internacional a buscar más opciones cuando se traten de resolver los problemas de la humanidad.

Las experiencias y prácticas de China, por supuesto, no son la única respuesta a los problemas mundiales; apenas representan alternativas. Incluso, cuando se ocupa de cuestiones internas, el PCCh nunca considera ninguna de sus políticas o medidas como una panacea. Un lema frecuente en los últimos años ha sido “siempre en la marcha”, lo que significa presionar continuamente sobre las reformas y la disciplina del PCCh.

Es en este espíritu que el PCCh está promoviendo el desarrollo de la nación en todos sus aspectos y buscando soluciones a los problemas que surgen en el proceso. La superación de estos problemas llevará a China a un mayor desarrollo, creando así una espiral benigna.

*Kou Liyan es investigador adjunto del Centro de Estudios Mundiales Contemporáneos de China.

 

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