El pesimismo de Zygmunt Bauman…

Todas las medidas emprendidas en nombre del

«rescate de la economía» se convierten,

como tocadas por una varita mágica,

en medidas que sirven para enriquecer a los ricos

y empobrecer a los pobres.

Zygmunt Bauman

Por: Arturo Suárez Ramírez

Estimados amigos lectores, muchas gracias por su tiempo para la lectura de la presente columna publicada en tan prestigiado medio de comunicación. El papel de los artistas, filósofos e intelectuales del mundo va más allá de la creación contemplativa de la obra realizada y a la que están obligados.

El papel del pensador es fundamental, porque en la neblina social en que vivimos, más la vorágine tecnológica, o la simple prisa por vivir, se convierten en un faro que alumbra y señala los posibles caminos que habremos de transitar en un instante histórico, esos senderos incluyen algunos precipicios a los que irremediablemente iremos a parar.

Así fue la carrera y mente privilegiada del “pesimista” y sociólogo polaco Zygmunt Bauman, certero como pocos, advirtió sobre la posibilidad de agotar el desgastado modelo democrático en el que vivimos, y al que por cierto llegamos tarde en Latinoamérica. También del engaño social del reparto de la riqueza de arriba hacia abajo del capitalismo que ha generado gran parte de los males que nos aquejan.

Anunció la muerte del estrato social medio, abriendo una brecha cada día más grande entre pobres y ricos, propiciando gobiernos paternalistas que pueden manejar a su antojo, por las carencias, a las masas nada reflexivas. Así como la perpetuación de un puñado de ricos y poderosos insaciables que mueven a los países y las “democracias” que pierden todo sentido, historia conocida y cercana para los mexicanos.

El pesimismo de Bauman, en realidad era un grito para regresar a lo humano, a lo que nos hace mujeres y hombres en sociedad. A poner puntos suspensivos, o por lo menos reflexionar sobre la tecnificación de lo cotidiano, la perdida de la confianza en liderazgos políticos, sociales y religiosos, transfiriendo estos conceptos a los artefactos deshumanizantes, llegando a su concepto de “modernidad líquida”, se trata de una etapa en la cual todo lo que era sólido se ha licuado.

Jacques Derrida, Michel Foucault, Hans Georg Gadamer, Jürgen Habermas y otros entendieron que el camino para cambiar a la sociedad era el mundo de las ideas, y Zygmunt Bauman nunca rehuyó al debate, inclusive se confrontó con Joseph Aloisius Ratzinger, el cerebro de la Santa Sede a finales del siglo pasado.

Ahora que se cumplen dos años de la muerte de Zygmunt Bauman, es un buen pretexto para tomar sus obras y leer, confrontar el pensamiento con las ideas de uno de los pensadores más importantes del siglo XX y XXI. Su obra es indispensable para las humanidades y darle otro enfoque a la vida cotidiana. Del “pesimismo”, se puede construir una realidad diferente que nos regrese la humanidad.

Entre Palabras

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Gracias y hasta la próxima.  

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