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Y sin embargo se mueve: Galileo Galilei

Más de uno ha reclamado a Gerardo Ruiz Esparza el no haber defendido con mayor entereza el Nuevo Aeropuerto Internacional de México en Texcoco y la verdad es que sí lo hizo a pesar de instrucciones explícitas o soterradas de que no le moviera al asunto en aras de una transición tersa o pactada bajo cláusulas que sólo en el Olimpo del poder conocen.

Se defendió el NAIM con argumentos técnicos, financieros, económicos, sociales, laborales, sus implicaciones internacionales, de credibilidad y hasta humanos. Pero la decisión estaba tomada.

Eso mostró la disque consulta armada por quienes habrán de gobernar el país a partir del primero de diciembre.

Pero en los foros más altos y a preguntas a veces ofensivas, con acusaciones de robos y corruptelas que no se han probado, el titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes defendió con argumentos el Aeropuerto en Texcoco.

Incluso distinguidos legisladores de Morena le dieron su aval como el médico Higino Martínez quien no sólo es senador de Morena sino originario y ex alcalde del municipio mexiquense.

Lo mismo en comisiones de la Cámara de Senadores que ante el pleno de la de Diputados, Ruiz Esparza presentó argumentos técnicos, no personales, de porqué Texcoco y exigió que si existía alguna querella se presentara con pruebas. No se manifestó una sola.

Además, todos los estudios, convocatorias, licitaciones, adjudicaciones, proyectos y contratos se abrieron al escrutinio de quien quisiera saber. No hubo queja ni señalamiento alguno.

Se adujo que el costo en pesos subió, pues claro, el cálculo para este tipo de obras se realiza en dólares y si este se encarece, también el proyecto.

A través del Grupo Aeroportuario se dieron explicaciones a representantes de la administración entrante, delegaciones de senadores y diputados tanto federales y de la CDMX, incluyendo de Morena visitaron las instalaciones, se les dio acceso a todos los documentos, convocatorias, planos y proyectos. No encontraron el pozo de corrupción de que se acusaba a la obra.

De nada sirvieron argumentos incluso de organismos especializados e internacionales. La decisión estaba tomada sin importar el costo para los mexicanos y las empresas comprometidas en la obra. De ahí que todos los argumentos objetivos en torno a por qué debería estar el nuevo aeropuerto en Texcoco, se tiraron a la basura, se desoyeron.

Este comentario no es para defender lo indefendible, sino para dejar en claro que quienes opinan que hubo flojera o negligencia en hacer ver que Texcoco es la mejor opción, están equivocados.

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