Juan Gabriel para siempre

La música es lo más cercano a Dios y la naturaleza; una verdad que mueve a la gente, y hasta a animales y plantas reaccionan a ella.

Si alguien revivió el orgullo por la música mexicana en la década de los 70 fue Alberto Aguilera Valadez, hijo prodigo de Paracuaro, un pueblo del estado de Michoacán. Alberto fue heredero de los forjadores de la historia musical de México como: José Alfredo Jiménez, “Tata” Nacho, “Cuco” Sánchez, Agustín Lara, Álvaro Carrillo, Consuelo Velázquez y muchos más.

Su fama traspasó las fronteras del tiempo y el espacio, sus composiciones con letras simples, pero con sentimiento envolvente y empáticas más una historia de sufrimiento, lo llevaron a conquistar al público que lo convirtió en ídolo nacional al lado de Cantinflas, Pedro Infante, Jorge Negrete, María Felix, Lola Beltrán y TinTan.

Ídolo de multitudes

No me considero un prodigio y mucho menos un personaje de la canción popular, soy uno de los muchos afortunados que pertenecen a la actual evolución, que gusta de la superación.

Dos años han pasado desde su muerte, cuando la multitud se arremolinó para despidió en el Palacio de Bellas Artes, al pie de la escalinata se encontraba una urna con las cenizas del artista. En ese sitio al que le quitó la solemnidad como al mariachi. A principio de los 90, era impensable que un cantante popular pudiera pisar el escenario más importante de la cultura nacional, más si se trataba de Juan Gabriel y su amanerada jocosidad. Pero su fuerza lo hacía contar con la aprobación de la esposa del presidente, entonces, el Palacio de Bellas Artes se abrió para otras expresiones.

Cantó de todo y para todos

Cada disco se queda para toda la vida. Son recuerdos que permanecen ahí para siempre, para que los juzgue el corazón del mundo.

La obra de Juan Gabriel abarcó tantos géneros y su capacidad creativa era tal, que encasillarlo musicalmente es imposible. Cultivó estilos tan variados como el ranchero, la balada, el pop, la canción chicana, el son de mariachi, la música norteña, el bolero, la banda sinaloense, el huapango, la rumba flamenca, era común verlo en los palenques improvisando y hasta retando a su público para cantar canciones y ritmos que no fueran de su autoría.

Talento natural

Hasta que no siento que la grabación me llega al alma y los huesos; hasta ese momento, no la considero terminada.

Sus mayores fortalezas artísticas eran su capacidad interpretativa sobre el escenario, y la propia inspiración, que le permitió componer cientos de canciones, grabó más de 50 discos con los que superó los 200 millones de copias vendidas.

Muchas de sus canciones son consideradas Patrimonio Popular de México. Estas piezas no sólo tuvieron alcance en países hispanoparlantes, pues varias fueron traducidas al portugués, turco, griego, tagalo, inglés, italiano, papiamento, alemán y francés, por mencionar algunos idiomas.

Sus presentaciones

No estoy en contra de los homenajes, aunque yo prefiero los reconocimientos y creo que a cualquiera le gusta que le reconozcan su trabajo.

Llenos absolutos, conciertos de más de 3 horas y una entrega total hacia sus seguidores con quienes conectaba de una forma única. Juan Gabriel era todo un showman, capaz de echarse al público en la bolsa desde la primer canción.

En 1993 Juan Gabriel fue capaz de llenar el Rose Bowl de Pasadena con 75 mil asistentes. También conquistó otros escenarios míticos como el Hollywood Bowl, el Orange Bowl, el Florida Park de Madrid, la Plaza México, el Estadio Azteca.

En el año 2000 rompió récord de asistencia en el Zócalo Capitalino con 350 mil personas; cuatro años después volvió a la Plaza de la Constitución con una presentación que superó las 5 horas de duración.

Juan Gabriel, genio y figura…

Yo me iré algún día, pero deseo dejar recuerdos muy bonitos a la gente, y por eso me tardo todo el tiempo necesario en grabar. 

 

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